11 de octubre de 2020

Maldita dulzura la tuya, Octubre.

Octubre, maldita dulzura tienes que como siempre, llegas para gritarme todo aquello que con tu anterior visita me habías propuesto. Maldita dulzura la que tienes que siempre me entran ganas de ti, de ese Octubre que huele como él. 

Tú, Octubre, que me proyectas todo lo que no he sabido hacer mejor. Maldita tu dulzura, Octubre, que no me das opción a resetear para olvidar aquello que podría haber evitado o para volver hacer lo mismo una y otra vez. 

Y no, Octubre, no hablo de que aún no hayamos dado el paso para vivir, o al menos internarlo, de aquello que realmente nos gusta, ni siquiera de que esa cajetilla de tabaco siga aún acompañándome desde entonces. Hablo de que has llegado demasiado pronto, que no me has dejado tregua para afrontar el hecho de que te acercabas. 

Es el primer Octubre donde me falta gente. Gente que existe y gente que por desgracia ha dejado de existir. Sin duda, es un Octubre para recordar. A veces no soy consciente de lo fugaz que es el tiempo, pensando que siempre tendré tiempo para todo, pensando que éste pasa lento, pensando que seremos eternos. Pero, sin itinerario alguno, no sabemos cuándo o dónde, ni siquiera podemos tener la certeza de que vaya a haber próximo. 

Son tantos los recuerdos que tengo de ti, Octubre. Recuerdo cuando cogía la guagua para ir a entrenar, pero antes, recogía parte de las hojas que caían del Camino Largo. Tu olor a lluvia fresca chocando contra el asfalto y a veces contra mí. 

Otro Octubre que se marcha y yo deseando resetearlo a cada momento. 

¡Hasta pronto, Alice!. 

No me olvido de ti, nunca. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario