2 de abril de 2015

Imposible

Hace mucho que no pasaba por aquí... Pero no sabía por dónde empezar, ni cómo. Tampoco es que tenga mucho tiempo para esto. Lo necesitaba. Un ratito para despejarme, aclarar mis ideas, soltarlo todo. 

Marzo fue un mes como otros tantos años: divertido al principio, desastre al final. Querido marzo, sigo sin entenderte y por qué siempre me dejas este mal sabor de boca. 

Quería volver a sentir esa sensación: dejarse llevar. Y así lo hice como tantas otras veces. Porque van pasando los día y me doy cuenta de que siempre me arrepiento de lo que no he hecho por miedo o por el qué dirán. Esa vez me lancé al vacío, pero sin cuerda que me sujetase. Mala idea. Nunca te fíes. Pero yo soy la reina del masoquismo; la que hace de un granito de arena, un desierto.

Perdoname por ser tan soñadora, que cree en las causas perdidas, en los imposibles. Como tú.

Nos empeñamos en sustituir unas cosas por otras, así como experiencias, momentos, emociones. Es imposible, porque cada momento es único e irrepetible.

Que no hay clavo que saque a otro clavo, sino que el otro clavo te está pinchando en otra parte. Y así, el dolor está más repartido. Es lo que tiene arriesgarse y entregarse. Que hay vacíos que no se pueden llenar porque los recuerdos son impermeables.

Mientras tanto, mi corazón sigue practicando deportes de riesgo: intentando llegar a lo que una vez tú me hiciste sentir. Ay, pobre iluso. Pero sin éxito, él sigue tirándose cada vez con menos protección. Aunque quiera parar, aunque no lo quiera admitir, no da todo por perdido. Es un kamikaze, lo habrá aprendido de su dueña...




Sólo queda esperar...

No hay comentarios:

Publicar un comentario