- Pero... Nosotros... Tú... Tú dijiste "para siempre".
- No me vengas con tonterías. Eso son cosas del momento. Qué dije sin pensar, o mejor dicho, pensando en el presente.
- Si no vamos a mentir, no mientas. Lo dijiste cuando estabas enamorada de mí.
- Eso iba implícito. Si salí contigo fue porque te quería y si ahora quiero dejarlo es porque ya no me gustas.
- Hemos dicho que no íbamos a mentir.
- No he mentido.
- Me quieres. Niégalo. Una. Dos. Tres veces. Pero me quieres. Puede que con el tiempo olvides lo que sentiste por mí, pero ¿a mí? A mí nunca me olvidarás.
Y aunque intentaba sonar firme no pudo evitar susurrar:
-No nos hagas esto...
- No seas ridículo. Claro que te olvidaré. No te quiero, ya no. Asúmelo. Cuando dije "para siempre" era porque en ese momento sólo quería alargar el tiempo a tu lado. Pero ya no.
Y enseguida desvió la vista. Pensaba que iba a ser fácil. Por lo menos esa parte. Lo había estado pensando toda esa semana. ¿Qué si lo quería? Lo amaba. Estaba enamorada de él. Y si pudiera sería como prometió, "para siempre". Pero se estaba haciendo daño. Lo quería tanto que cuando se ausentaba durante meses se pasaba los días llorando. Cuando se quedaba sin lágrimas, se sentaba en el columpio del jardín trasero y, acurrucada, miraba al infinito, deseando fundirse con aquel columpio en la noche, para no sentir.
Sin darse cuenta, sumida en sus pensamientos, derramó una lágrima que la devolvió por completo a la realidad.
Él se acercó más aún. Lo sentía tan cerca, era tan fácil olvidar lo dicho y abrazarlo. "Mantente fría. No debe saber que lo sigo queriendo". Aún así, aunque se lo repitió a sí misma dos veces más, no se separó de él.
- Lo siento. Siento que hayamos tenido que llegar a este punto. Para ti los meses sin vernos deben ser horribles. Pero para mí son peores. Vivir al otro lado del mundo. Cambiar de idioma, de paisaje y de personas en un día, y saber que será para siempre... Todo eso, sumado a tu clara ausencia, hace que mi día a día sea una constante lucha por seguir adelante y cu...
- ¡Para!- ¿De verdad estaba insinuando que ella podía sonreír cuando no estaban juntos?- ¿Cómo puedes creer que yo no lo paso mal? ¡Cuando te vas paso un infierno!
Y lloró. Rompió a llorar sin poder evitarlo, sin poder parar.
- ¡Cuando no estás me vuelvo una sombra! Te quiero. No podré querer a nadie tanto como te quiero a ti, nunca- Sollozó.
-Ven aquí-. Dijo extendiendo los brazos hacia ella.
- Te irás otra vez- murmuró.
- Esta vez no, te lo prometo. Aunque tenga que renunciar a todo lo que tengo, no puedo seguir renunciando a ti.
Y después de tanto, tantísimo tiempo, suspiró tranquila. Sabiendo que no desaparecería en cuanto se descuidara.
Se abrazaron, se besaron, se consolaron, se acurrucaron bajo la luz que llegaba de la casa y se sentaron en aquel columpio que había contemplado muchas lunas junto a una sombra, viva, pero una sombra.
- ¿Para siempre?
- Para siempre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario